El tiempo se detuvo en Johannesburgo: Iniesta y el primer Mundial de España
26 de junio de 2026
El tiempo se detuvo en Johannesburgo.
Aquel Mundial de 2010 sonaba distinto a cualquier otro. Se jugó en pleno invierno austral, con el rumor incesante de las vuvuzelas zumbando desde la grada, un ruido que hoy es indistinguible del propio torneo en la memoria de cualquiera que lo viviera. Era el Mundial del "Waka Waka", la canción de Shakira que sonaba en cada anuncio, cada resumen, cada bar de España. Y fue, sobre todo, el Mundial de Iniesta.
Y así llegamos al minuto 116 de la final. España y Países Bajos apuraban la segunda parte de la prórroga de un partido sin goles, atrapadas en un partido brutal: catorce tarjetas amarillas, una roja, más patadas que fútbol.
El partido
El 11 de julio de 2010 ambas selecciones llegaron en momentos muy distintos. España jugaba con la filosofía que Vicente del Bosque había perfeccionado en dos años: posesión, presión alta, juego interior. Los neerlandeses, dirigidos por Bert van Marwijk, apostaron por la dureza física para romper el ritmo del toque español.
El resultado fue un partido tenso y violento. Nigel de Jong le propinó a Xabi Alonso una patada en el pecho que el árbitro inglés Howard Webb sancionó sólo con amarilla. Los noventa minutos acabaron 0-0. Ya en la prórroga, John Heitinga vio su segunda amarilla y dejó a los Países Bajos con diez.
La jugada
Todos tenemos grabada en el cerebro la narración de Paco González en la tv, Navas inició una galopada por la banda derecha y, un poco a trompicones, el balón acabó llegando a Torres en la banda izquierda. En ese camino, un detalle precioso que nuestra memoria no había registrado: a apenas 5 minutos del final del partido, cuando un error puede ser definitivo y el miedo atenaza a los jugadores, Iniesta dio continuidad al contraataque con un pase de tacón a Fábregas. Algo que sólo los grandes, esos que a veces parecen jugar a un juego distinto, pueden hacer.
La jugada continuó con los mismos protagonistas: Cesc recuperó un rechace cerca del borde del área y buscó a su compañero con un pase en profundidad hacia el área holandesa. Iniesta dio dos toques, un primer control que le salió un poco elevado, pero perfecto para golpear el balón a puerta con el empeine. Con todas sus fuerzas, con todas nuestras fuerzas.
¡Iniesta de mi vida!
Ese grito de José Antonio Camacho con la voz rota, mientras el país entero se abrazaba delante del televisor, fue el mejor resumen de ese momento. Nadie podía merecerse ese momento más que Iniesta. La persona que había preparado una dedicatoria a un amigo fallecido un año antes, el jugador capaz de sacarse un taconazo cuando los nervios y el cansancio agarrotan a todos y el balón quema en los pies.
Él puso el broche de oro a una generación brillante de futbolistas, dio carpetazo a la ya tradicional eliminación de España en cuartos de final y, sobre todo, abrió la puerta para que las nuevas generaciones se creyeran que España podía ganar un mundial. Los Yamal, Cucurella, Williams, Merino, Olmo... han crecido con el gol de Iniesta como referencia.
El póster
Cuando nació la idea de Legendgoals, estaba claro que esta iba a ser nuestro primer gol. Era nuestro modesto homenaje y agradecimiento. Representaba justo lo que queríamos lograr: una ilustración minimalista y elegante, que decore la pared de nuestro salón, nuestra oficina, nuestro local... y que, cada vez que la veamos, nos ponga un poquito los pelos de punta recordando ese momento en que nos abrazamos celebrando el gol de Iniesta.
Porque Iniesta ha metido muchos goles importantes. Pero "el gol de Iniesta" es único. Es este.
